Mantén las puertas cerradas. Una nevera llena guarda una temperatura segura por unas cuatro horas si no la abres; un congelador lleno aguanta unas 24 horas, o hasta 48 si está bien apretado. En el momento en que empiezas a abrir las puertas para chequear, ese reloj corre más rápido.
Después de cuatro horas sin luz, lo perecedero que estuvo sobre 40°F por más de dos horas debe botarse — carne, lácteos, sobras, frutas y vegetales cortados. Cuando dudes, bótalo; una comida dañada sale más barata que una visita al hospital.
Una sola batería de hogar cambia estas cuentas por completo: la nevera simplemente nunca pierde corriente, así que no hay reloj que vigilar ni nada que botar. Ese es el beneficio callado y poco glamoroso que la gente nota primero — no el ahorro, sino el no botar la compra de la semana después de cada apagón.