Cuando se va la luz por tercera vez en una semana y ni siquiera está lloviendo, es natural pensar que alguien está dormido en el switch. La verdad es más lenta y menos satisfactoria: Puerto Rico heredó una red a la que le faltó mantenimiento por décadas, y luego aguantó de frente dos de los peores huracanes de su historia. María no rompió un sistema sano — acabó de tumbar uno frágil. Todo lo de después ha sido reconstruir mientras se vuela, con la factura cayendo en la mesa de tu cocina.
Los relevos de carga del día a día no son un fallo; son lo que un sistema forzado hace para no colapsar del todo. El solar en techo con batería se ha vuelto una válvula de escape: cada casa que puede sostenerse durante un apagón es una casa menos recostada de una red que ya está estirada. Eso no arregla la red, pero sí cambia tu propia exposición a ella.